Araceli
Ardón
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Hugo Gutiérrez Vega
Van a tener ustedes en las manos una novela bien construida y escrita con precisión, amenidad y verdadero gozo narrativo. Yo agradecí mucho estas virtudes: no tratar de impresionar, sino de producir gozo, y alentar a pensar, dos notables cualidades de este don Eulogio que deambula por las habitaciones de su casa pero nunca grita ni trata de espantar a nadie; al contrario, deambula para acercarse desde su ribera a los vivos y regresar precariamente a través de su memoria, de la memoria de los parientes y los amigos y de la lectura de los lectores de novela, que todavía, afortunadamente, somos muchos. [Texto completo]

María Teresa Azuara
La lectura de Historias íntimas de la casa de don Eulogio es como sentarse a oír lo que sucedía en tantas casas queretanas desde principios de siglo hasta hace unos cuantos años. El tono nostálgico permea toda la obra; la mirada de la autora no deja de dolerse y también de solazarse en esa vida de antaño que el avance tecnológico y la desenfrenada inmigración han venido borrando muy a nuestro pesar.
La casa de don Eulogio, profesor amante de las letras, es un botón de muestra. Historias como la de la familia Márquez han tenido como marco casonas cuyos muros y portones guardan aún las voces y la presencia de quienes las habitaron; el aroma a madera fina y a papel viejo de las bibliotecas; los olores y sabores variadísimos de su cocina que parecen estar escondidos en los recovecos de sus braseros, de las alacenas, de los comedores señoriales. [Texto completo]

Luis Palacios Hernández
Como hace Umberto Eco en El nombre de la rosa, Araceli Ardón utiliza aquí un recurso de la literatura desde Cervantes para presentar una historia a través de ciertos manuscritos, recordemos los de Melquíades de García Márquez; se nos cuenta algo que está escrito en algún lugar, y también en la memoria de todos nosotros. Hemos escuchado al abuelo, a la abuela, a la tía solterona, las historias que están escritas en el libro de la memoria.
En la literatura, en este texto, se dice que los documentos están reunidos en cuatro volúmenes, encuadernados por el propio escritor; pero es un símbolo porque estos tomos son los tomos de la memoria. Todos nosotros en nuestras casas, nuestro pasado, en los recuerdos, tenemos estos tomos de la memoria que día con día viven en los recuerdos de quienes nos rodean. Este recurso le permite a la autora, a través de la voz de su narrador, recobrar este pasado, estos recuerdos, estas historias íntimas. [Texto completo]

Maricarmen Pitol
En este vaivén temporal encontramos los hilos que tejen la historia, los hilos con que borda Araceli Ardón la silueta de sus fantasmas y también de su voz: el peso descomunal de las tradiciones impuestas, el papel de la mujer de las distintas clases sociales en una provincia, los derechos de los hombres, el valor de la literatura, la necesidad de aclarar la propia vida, el remordimiento por no haber disfrutado a plenitud situaciones valiosas, la necesidad de reconocer el propio origen, el valor fundamental de la casa familiar. [Texto completo]

Mayra Caballero Green
Muchos han tenido en su poder la pluma inteligente para cambiar el presente, la pluma visionaria para descubrir el futuro, pero en esta obra tenemos contacto con la pluma sensible, que nos despierta a nosotros mismos una enorme capacidad para adentrarnos en las emociones del pasado, nuestro pasado. Entrar en la casa de Don Eulogio a conocer sus historias íntimas es un viaje por el ayer de cualquiera de las muchas de nuestras provincias, que en la narrativa de Araceli Ardón se tornan en vida memorable. [Texto completo] [PDF]

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hojaxhoja
Suplemento literario Hoja x Hoja, Sept. 12, 1998

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