arzobispo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

María Teresa Azuara

 

Por las calles y personajes de Querétaro

 

 

En una edición agradable y cuidadosa, con una atinada ilustración en la portada perteneciente a un cuadro del pintor Fernando Garrido, Ediciones Vieira Santiago ha sacado a la luz el segundo libro de la autora queretana Araceli Ardón; esta vez una colección de doce relatos entre los que El arzobispo de gorro azul da título al volumen. Como este personaje encumbrado que no es más que un vigilante adusto en la tela de Garrido y un indigente sui géneris en el relato de Araceli, así desfilan por entre las páginas de este ameno cuentario-anecdotario una variedad de personajes, rincones, casonas, plazas y barrios que hacen un retrato fiel, colorido y preciso del Querétaro de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días.

Con el tono testimonial de los cronistas y las artimañas de la ficción, la autora nos lleva de la mano a asomarnos con indiscreción a la vida "impecable" de algunas familias de prosapia y nos revela con su fresco sentido del humor y su maliciosa y sutil ironía, sus virtudes y pecados. Caminamos con ella desde la funeraria en la calle de Hidalgo en la que Teresita del Niño Jesús Rodríguez, para ocultar su deshonra, lanza su frase lapidaria "No es nada mío", hasta la peregrinación del Viernes Santo en que la hermosa niña ojiazul Dulce Nombre de María luce en andas las angelicales alas de parafina confeccionadas por don Lole, el bondadoso carpintero de su casa para cuyas manos no había reto que no pudiera vencer con tal de dar gusto a sus patrones.

En el recorrido ameno y revelador de estos doce relatos, Araceli Ardón, con una habilidad narrativa fluida y natural, con un diestro manejo del lenguaje y una capacidad descriptiva que nos deleita, da cuenta de esas pequeñas cosas en la cotidianidad de la vida queretana que nos pasan desapercibidas y que constituyen la riqueza de un tiempo ya ido, por desgracia para muchos, y también de este tiempo nuevo que nos está tocando vivir y que será recordado con nostalgia por nuestros hijos. "Ah, qué tiempos aquellos...", y la historia se repite.

 

Querétaro, 2006