arzobispo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gabriela Ruiz Ruiz

 

La magnífica colección de cuentos que nos comparte Araceli Ardón en “El arzobispo de gorro azul” es proceso de su imaginación, tiempo, voluntad, disciplina y anhelo por mostrar a través de su mirada traducida en palabras, un mundo anclado a nuestro entorno queretano.

Cada uno de los cuentos nos sitúa en la intimidad de un momento o hasta de una vida; es la magia de pequeñas y distintas historias que cuentan eternidades en pocas palabras; cuentos que podrían ser “de todos” contradiciendo el título del primero: “No es nada mío”, o incluso pasando por la directa denuncia de la ausencia de un centro psiquiátrico en nuestro estado, como lo señala el cuento que da título al libro, en que Araceli nos regala una extraordinaria historia de amor en medio de la aparente oscuridad de la conciencia humana.

Cuentos que suceden en Querétaro dentro de la vida cotidiana, abriéndonos los ojos para darnos cuenta del valor del mundo real, de las cosas cercanas y de las historias íntimas y personales, y es ahí dónde aparece el sello de la casa, la firma de la autora, ya que Araceli al escribir encuentra su “momento perfecto” que nos comparte.

Cada uno de los cuentos tiene el valor de insinuar más que afirmar. Son historias que dejan margen para la traducción única que hace el lector, incluso con un poco de humor para que uno sonría mientras imagina; pero además, cada una de las historias nos revela sentimientos, religiosidad, diálogos y emociones, todas enmarcadas en espacios, a veces tocados por la mano del tiempo y otros llenos de sobriedad queretana, que denotan grandeza y a la vez recogimiento.

Y es en la descripción de los espacios por donde los personajes viven su historia, que la autora nos revela también su sensibilidad al entorno y la influencia de éste, en la vida de cada persona; el aprecio al recinto, al color, a la pared y a su desgaste, elementos todos estos esenciales en los cuentos que disfrutamos en esta lectura; en este sentido, no es en vano saber que además de su reconocida trayectoria literaria, Araceli Ardón tiene en su experiencia, vasto conocimiento y aprecio por el arte y la belleza, y que, paradójicamente, uno alimenta al otro en una simbiosis permanente en que sólo los ojos del artista logran sublimar la realidad que otros pasamos inadvertida.

Este fruto de reflexiones y vivencias la colocan en un nuevo nivel de experiencia y nos ayudan a entender más este apasionante encuentro con la vida cotidiana que sucede en cada uno de nosotros y que es expresado como lo que es: admiración a la vida.

 

Querétaro, abril de 2006