
Presentación de “Historias íntimas de la casa de Don Eulogio”
Hace una semana concluyó en México el encuentro de escritores titulado “Una nueva geografía de la novela”, con la presencia de destacados autores de diversas partes del mundo, que fueron recibidos por el mexicano Carlos Fuentes, un anfitrión excepcional.
“La novela
es el género reintegrador por excelencia de la tradición y la historia, en el
que se dan cita la filosofía, poesía, psicología, política, economía y teatro,
y que es capaz de abarcar el presente, el pasado y el porvenir”.
En los años
ochenta tuve la fortuna de asistir a clases, varias horas por semana, con el
maestro Fuentes. Lo mismo en salas de cien personas como en grupos de siete
estudiantes, este escritor brillaba con luz propia y al hacerlo nos marcaba el
camino. Mi interés era profundizar en el estudio de la literatura para ser
mejor profesora a mi regreso a la patria. Fuentes me convenció, con su ejemplo,
testimonio y estímulo, de que era posible también ser escritora. “En México, en
América Latina —nos decía constantemente— todo está por
escribirse”.
Y tenía
razón. De nuevo en Querétaro me di cuenta de que esta maravillosa, espléndida
ciudad con una historia de más de cuatro siglos, tenía aún cuentas pendientes
con la escritura. Si bien ha habido cronistas para describir sus glorias desde
los franciscanos del siglo dieciséis hasta los periodistas e investigadores de
nuestros días, o los poetas que a lo largo del tiempo han capturado el
sentimiento de su gente, a Querétaro le debemos todavía su historia de ficción,
su novela.
Vuelvo a
Fuentes, que declaró hace unos días, en El Colegio de México:
“La novela
se apropia del presente que abarca nuestro pasado y anuncia el futuro, a través
de la memoria permisible, cordial, amorosa, que nos permite vernos y querernos
en el recuerdo del otro y nos otorga la oportunidad de revisar qué le hace
falta al mundo y construir un jardín de senderos con fantasmas muy carnales”.
Con este
espíritu escribí la historia de Don Eulogio. Por si hiciera falta, quiero
declarar que este personaje, como todos los demás, es ficticio y no debe su
existencia a ninguna persona real. La ciudad, como ustedes verán, es la
nuestra, aunque su nombre no aparece en sus páginas por una razón afectiva: mi
amor por el Querétaro real me impide usarlo como escenario de hechos irreales
en donde hace falta, por dictados de la misma trama, cambiar de lugar calles,
conventos y plazas. Aunque ustedes y yo estaremos de acuerdo en que Don Eulogio
es un personaje queretano.
He dejado lo
más importante para el final: mi profundo agradecimiento a todos y cada uno de
ustedes por estar aquí, compartiendo esta aventura con nosotros.
Especialmente
quiero dirigirme a Hugo Gutiérrez Vega, enorme poeta que con gran dignidad,
orgullo y sabiduría ha representado a México en muchos países del mundo. A Tere
Azuara, que ha dedicado su vida a estimular en los demás el amor por las
letras; a Ediciones Vieira; a las autoridades aquí presentes, a mi familia y
mis amigos. El Museo de Arte de Querétaro, uno de los grandes amores de mi
vida, ha sido un marco espléndido para realizar este acto. Mil gracias a
Margarita Magdaleno por habernos permitido estar esta noche en el claustro
barroco más bello de América.