Contacto con una pluma sensible
Para
invitarte a viajar por el pasado, permíteme antes amable lector, compartir
algunas de mis emociones al recorrer la travesía por las páginas del libro de
Araceli Ardón, talentosa periodista y novelista de arraigo queretano,
“Historias íntimas de la casa de Don Eulogio”.
Para
ello, quiero referirme a esta obra no desde un estricto punto de vista de
análisis literario, ni destacar las grandes cualidades de las que sin duda
alguna, la autora hace gala a través de su natural narrativa. Deseo entonces
acercarme al despertar que conlleva el acto maravilloso de su lectura, y mucho
de lo que ésta encierra al vernos reflejados en no pocas ocasiones en
cualquiera de sus pasajes, donde podemos sentirnos de pronto viviendo en la
vieja casona de don Eulogio; sorprendernos de la fidelidad y servicio de la
vieja sirvienta Trini; conocer a los integrantes de la familia del protagonista
o ver surgir ante los ojos de nuestra imaginación una hermosa ciudad colonial. Es
a través del acto maravilloso e íntimo de la lectura, donde nos apartamos del
mundo real para sumergirnos en otro, y de esta forma encaminarnos por el
sendero del pasado en sus múltiples formas y colores.
Para
aquilatar esta novela hay que estar dispuestos a retomar la vida de una forma
distinta, la que encierran nuestras tradiciones, leyendas e historia, pues no
es difícil en su lectura descubrir uno de los miles de paisajes típicos del
pasado que, a fuerza de serlo, se va borrando de nuestra memoria y en el peor
de los casos ni siquiera llegamos a conocer. De esta manera “... la vida es una
aventura destinada a los valientes.” como señala la autora, para quienes se
atreven a sentir el alma de una ciudad que crece indiferente al ritmo de la
gran metrópoli. Donde la rutina de lo cotidiano se percibe como excepcional en
retrospectiva con lo que representan nuestras costumbres y arraigos, que a
final de cuentas constituyen nuestro ser como mexicanos.
La
familia de Don Eulogio surge, vive y sobrevive por su buen nombre y honorable
proceder que forman “...la puerta invisible que sólo atraviesan las gentes
conocidas de toda la vida, los transmisores de la tradición, los portadores del
orgullo local. No importaba cuánto dinero, poder o empuje trajeran consigo los
recién llegados: si no tenían ese pasaporte intangible, se quedarían por años
fuera de las reuniones, ceremonias y confidencias de las viejas familias.” Por
el recorrer de estas páginas se hacen presentes los sentimientos de la gente de
provincia ante los que vienen de todas partes a afectar el tránsito, aumentar
el costo de la vida, traer nuevas costumbres para finalmente terminar por
integrarse al crecimiento de la ciudad en las nuevas generaciones.
Otro
de los aspectos que enriquece esta novela es la descripción detallada del
estilo colonial y barroco de la “...ciudad vivaz como bella adolescente, que vivía relativamente en paz...”
cuya arquitectura es descrita con gran detalle a través de un lenguaje del que
no hace falta ser experto, para dibujar en nuestro interior la majestad de su
belleza que se antoja visitar y descubrir sus misterios. Leyendas fantasmales
le dan un punto distintivo y de singular atractivo, pues éstas siempre formarán
parte de la riqueza de un lugar, aquellas historias que se dicen que sucedieron
pero que nadie sabe a ciencia cierta si fueron tal como se cuentan.
La
vida de Don Eulogio se ve reflejada de manera paradójica en tres generaciones
de mujeres: su esposa, su hija y su nieta. Cuando se enamoró de Isabel, su
esposa, escribió para ella cartas de amor en donde ensalzaba su figura a tal
grado de despojarla de lo terreno y elevarla al cielo junto a los ángeles.
Todas estos poemas constituyeron un campo de cultivo para su poesía posterior.
Para cada una de ellas escribió un pensamiento, un poema que encerró su gran
amor, el que a los hombres de su generación les era difícil de expresar de
alguna otra manera.
Es
interesante también descubrir en estas mujeres los comportamientos que
reflejaban la forma de ser de las damas clase media-alta de la época. Isabel,
la esposa de Don Eulogio, hija de familia distinguida, a quien le gustaba tocar
el piano a pesar de su nula calidad interpretativa, pero cuyo “permiso” para
poder seguir haciéndolo aún después de casada la hizo decidirse definitivamente
por él. Don Eulogio y doña Isabel representan el prototipo de matrimonio unidos
por un lazo casi invisible “...aquella pareja había dejado a su paso la huella
que imprimen los nimbados por la claridad de su inteligencia, la superioridad
de su espíritu y la sensibilidad
de su alma.” Mujer que hasta el último de sus días se distinguió por el manejo
de su hogar, sus dotes de anfitriona y mujer respetable en sociedad.
Elisa,
la hija de Don Eulogio, creció rodeada de los mimos de la fiel sirvienta Trini
y de Cuca Mendoza, la eterna y secreta enamorada de su padre. De estas tres
mujeres, Elisa destaca por su vida indiferente a los demás, ocupó un sitio
modesto como administradora de su propio hogar sin dejar mayor huella pues “...
nunca supo abrazar a los que quiso.” A su vieja nana Trini, la despidió del
cuidado de su padre cuando éste quedó viudo. En Elisa se puede descubrir a la
esposa y madre que al morir su esposo y casarse sus hijos se ve a sí misma
envuelta en una vida sin mayor sentido... sólo esperar la muerte, sin importar
su edad o fortaleza, ya había cumplido su propósito. El día de su funeral la
mayoría de la gente estaba ahí por el recuerdo de su padre pero no por ella.
Y
Rosario, la nieta, mujer de carácter y gran fuerza que penetra en los recuerdos
de sus propios antepasados, rodeada de las húmedas paredes de la casa de su
abuelo, a través del hasta entonces desconocido diario de Don Eulogio,
encontrado entre los libros de la biblioteca. Rosario es una mujer que poco se
identifica con su abuela y su madre, pues al descubrirse heredera de un
paupérrima vecindad habitada por miserables familias se siente incongruente con
sus convicciones religiosas y de compromiso para los demás. Busca incontables
veces de motivar a sus amigas “vestidas con diseños de moda” —como ella
misma les llamaba— a crear instituciones de ayuda para rescatar a muchas
otras mujeres desafortunadas de la inevitable pobreza. Rosario representa a la
mujer que se distingue por el amor a sus hijos, el apoyo incondicional a su marido,
pero sobre todo que sabe ver en sus antepasados una enorme riqueza, que le da
la fortaleza para construir más allá de su propio espacio hogareño.
Muchos
han sido los que han tenido en su poder la pluma inteligente para cambiar el
presente, la pluma visionaria para descubrir el futuro, pero en esta obra
tenemos contacto con la pluma sensible, que nos despierta a nosotros mismos una
enorme capacidad para adentrarnos en las emociones del pasado, nuestro pasado.
Entrar en la casa de Don Eulogio a conocer sus historias íntimas es un viaje
por el ayer de cualquiera de las muchas de nuestras provincias, que en la
narrativa de Araceli Ardón se tornan en vida memorable. Ahora considere, amable
lector, la posibilidad de emprender este recorrido que sin duda alguna
disfrutará.
“Integratec”, revista
oficial del Sistema Tecnológico de Monterrey, 1999