portadita

 

 

 

 

 

Mayra Caballero Green

 

Contacto con una pluma sensible

 

Para invitarte a viajar por el pasado, permíteme antes amable lector, compartir algunas de mis emociones al recorrer la travesía por las páginas del libro de Araceli Ardón, talentosa periodista y novelista de arraigo queretano, “Historias íntimas de la casa de Don Eulogio”.

Para ello, quiero referirme a esta obra no desde un estricto punto de vista de análisis literario, ni destacar las grandes cualidades de las que sin duda alguna, la autora hace gala a través de su natural narrativa. Deseo entonces acercarme al despertar que conlleva el acto maravilloso de su lectura, y mucho de lo que ésta encierra al vernos reflejados en no pocas ocasiones en cualquiera de sus pasajes, donde podemos sentirnos de pronto viviendo en la vieja casona de don Eulogio; sorprendernos de la fidelidad y servicio de la vieja sirvienta Trini; conocer a los integrantes de la familia del protagonista o ver surgir ante los ojos de nuestra imaginación una hermosa ciudad colonial. Es a través del acto maravilloso e íntimo de la lectura, donde nos apartamos del mundo real para sumergirnos en otro, y de esta forma encaminarnos por el sendero del pasado en sus múltiples formas y colores.

Para aquilatar esta novela hay que estar dispuestos a retomar la vida de una forma distinta, la que encierran nuestras tradiciones, leyendas e historia, pues no es difícil en su lectura descubrir uno de los miles de paisajes típicos del pasado que, a fuerza de serlo, se va borrando de nuestra memoria y en el peor de los casos ni siquiera llegamos a conocer. De esta manera “... la vida es una aventura destinada a los valientes.” como señala la autora, para quienes se atreven a sentir el alma de una ciudad que crece indiferente al ritmo de la gran metrópoli. Donde la rutina de lo cotidiano se percibe como excepcional en retrospectiva con lo que representan nuestras costumbres y arraigos, que a final de cuentas constituyen nuestro ser como mexicanos.

La familia de Don Eulogio surge, vive y sobrevive por su buen nombre y honorable proceder que forman “...la puerta invisible que sólo atraviesan las gentes conocidas de toda la vida, los transmisores de la tradición, los portadores del orgullo local. No importaba cuánto dinero, poder o empuje trajeran consigo los recién llegados: si no tenían ese pasaporte intangible, se quedarían por años fuera de las reuniones, ceremonias y confidencias de las viejas familias.” Por el recorrer de estas páginas se hacen presentes los sentimientos de la gente de provincia ante los que vienen de todas partes a afectar el tránsito, aumentar el costo de la vida, traer nuevas costumbres para finalmente terminar por integrarse al crecimiento de la ciudad en las nuevas generaciones.

Otro de los aspectos que enriquece esta novela es la descripción detallada del estilo colonial y barroco de la “...ciudad vivaz  como bella adolescente, que vivía relativamente en paz...” cuya arquitectura es descrita con gran detalle a través de un lenguaje del que no hace falta ser experto, para dibujar en nuestro interior la majestad de su belleza que se antoja visitar y descubrir sus misterios. Leyendas fantasmales le dan un punto distintivo y de singular atractivo, pues éstas siempre formarán parte de la riqueza de un lugar, aquellas historias que se dicen que sucedieron pero que nadie sabe a ciencia cierta si fueron tal como se cuentan.

La vida de Don Eulogio se ve reflejada de manera paradójica en tres generaciones de mujeres: su esposa, su hija y su nieta. Cuando se enamoró de Isabel, su esposa, escribió para ella cartas de amor en donde ensalzaba su figura a tal grado de despojarla de lo terreno y elevarla al cielo junto a los ángeles. Todas estos poemas constituyeron un campo de cultivo para su poesía posterior. Para cada una de ellas escribió un pensamiento, un poema que encerró su gran amor, el que a los hombres de su generación les era difícil de expresar de alguna otra manera.

Es interesante también descubrir en estas mujeres los comportamientos que reflejaban la forma de ser de las damas clase media-alta de la época. Isabel, la esposa de Don Eulogio, hija de familia distinguida, a quien le gustaba tocar el piano a pesar de su nula calidad interpretativa, pero cuyo “permiso” para poder seguir haciéndolo aún después de casada la hizo decidirse definitivamente por él. Don Eulogio y doña Isabel representan el prototipo de matrimonio unidos por un lazo casi invisible “...aquella pareja había dejado a su paso la huella que imprimen los nimbados por la claridad de su inteligencia, la superioridad de  su espíritu y la sensibilidad de su alma.” Mujer que hasta el último de sus días se distinguió por el manejo de su hogar, sus dotes de anfitriona y mujer respetable en sociedad.

Elisa, la hija de Don Eulogio, creció rodeada de los mimos de la fiel sirvienta Trini y de Cuca Mendoza, la eterna y secreta enamorada de su padre. De estas tres mujeres, Elisa destaca por su vida indiferente a los demás, ocupó un sitio modesto como administradora de su propio hogar sin dejar mayor huella pues “... nunca supo abrazar a los que quiso.” A su vieja nana Trini, la despidió del cuidado de su padre cuando éste quedó viudo. En Elisa se puede descubrir a la esposa y madre que al morir su esposo y casarse sus hijos se ve a sí misma envuelta en una vida sin mayor sentido... sólo esperar la muerte, sin importar su edad o fortaleza, ya había cumplido su propósito. El día de su funeral la mayoría de la gente estaba ahí por el recuerdo de su padre pero no por ella.

Y Rosario, la nieta, mujer de carácter y gran fuerza que penetra en los recuerdos de sus propios antepasados, rodeada de las húmedas paredes de la casa de su abuelo, a través del hasta entonces desconocido diario de Don Eulogio, encontrado entre los libros de la biblioteca. Rosario es una mujer que poco se identifica con su abuela y su madre, pues al descubrirse heredera de un paupérrima vecindad habitada por miserables familias se siente incongruente con sus convicciones religiosas y de compromiso para los demás. Busca incontables veces de motivar a sus amigas “vestidas con diseños de moda” —como ella misma les llamaba— a crear instituciones de ayuda para rescatar a muchas otras mujeres desafortunadas de la inevitable pobreza. Rosario representa a la mujer que se distingue por el amor a sus hijos, el apoyo incondicional a su marido, pero sobre todo que sabe ver en sus antepasados una enorme riqueza, que le da la fortaleza para construir más allá de su propio espacio hogareño.

Muchos han sido los que han tenido en su poder la pluma inteligente para cambiar el presente, la pluma visionaria para descubrir el futuro, pero en esta obra tenemos contacto con la pluma sensible, que nos despierta a nosotros mismos una enorme capacidad para adentrarnos en las emociones del pasado, nuestro pasado. Entrar en la casa de Don Eulogio a conocer sus historias íntimas es un viaje por el ayer de cualquiera de las muchas de nuestras provincias, que en la narrativa de Araceli Ardón se tornan en vida memorable. Ahora considere, amable lector, la posibilidad de emprender este recorrido que sin duda alguna disfrutará.

 

                                

 “Integratec”, revista oficial del Sistema Tecnológico de Monterrey, 1999