Heridas de guerra
 
Ocurrió por pura casualidad.
 
Estamos suscritos a un servicio que envía películas por correo, que hemos seleccionado por Internet. Esto nos garantiza una buena cinta cada noche. Dos horas de magia que casi siempre son lo mejor del día, el combustible que activa la mente y nos llena de palabras para hablar del guión, las actuaciones y el trasfondo, por un largo rato.
 
Esta semana, sin pretenderlo, hemos visto sólo obras dedicadas a la guerra. La despiadada lucha del hombre contra el hombre. La destrucción, el destrozo de ciudades y pueblos, el incendio de los campos, la explosión que deja heridos a civiles y militares, que mutila miembros de soldados y campesinos haciendo trizas el tejido social. Un reguero de viudas, huérfanos y padres adoloridos es el triste resultado de cada guerra.
 
Y no aprendemos la lección.
 
Vean el mapa mundial hoy mismo: conflictos armados en Georgia, Irak, Afganistán, Somalia y una buena porción de África. Por no hablar del terrorismo que azota a países de cuatro continentes. Los hombres no aprendemos las lecciones de la Historia. En las escuelas, el contenido de esta materia está hecho del recuento de las grandes guerras, las batallas más crueles, las revoluciones y los golpes de Estado. El mensaje parece claro: el único camino para cambiar la situación que vivimos, sea cual sea su carga de dolor, injusticia o tristeza, es la guerra.
 
Un círculo vicioso que mientras sobreviva ese esquema será casi imposible de romper.
Sin embargo, quiero recomendarles estas películas, todas filmadas por excelentes directores, actores y actrices de enorme estatura, guiones espléndidos y un mensaje complejo y contradictorio como la vida misma.
 
Atonement (Expiación)
 
Es una película del 2007 dirigida por Joe Wright, el director de Pride and Prejudice - Orgullo y prejuicio. Los personajes principales son Cecilia Tallis (Keira Knightley, bellísima actriz), Robbie (James McAvoy, actor nominado por la Academia de Hollywood por su actuación en The Last King of Scotland- El último rey de Escocia) y Briony Tallis (Saoirse Ronan, de trece años; este personaje es interpretado a los dieciocho años por Romota Garai y a los setenta por Vanessa Redgrave).
El guión fue escrito por Christopher Hampton, haciendo una adaptación a la excelente novela homónima de Ian McEwans, publicada en 2002. El libro es una narración detallada, que nos hace sentir la sensación precisa y aguda de quien mira la vida sobre los hombros de los demás, sin detenerse a cuestionar asuntos de justicia, caridad o el valor de la existencia ajena. El lenguaje es rico y elaborado. El ritmo logra penetrar cada escena hasta volverse parte del calor veraniego, la cena con varios cubiertos y copas para cada vino, o la descripción de una vasija antigua y cara.
La película se ubica en Inglaterra y Francia; la trama se extiende por décadas. Inicia en 1935, cuando Briony vive con su familia en una mansión rural rodeada de privilegios. La niña es una precoz escritora con la imaginación encendida. Descubre un romance entre su hermana Cecilia y Robbie que la lleva a una mala interpretación que causa enorme desdicha. La vida de los tres personajes cambia para siempre. El argumento señala momentos de dolor, arrepentimiento y compasión. La Segunda Guerra Mundial involucra a la pareja y la hermana: Robbie como soldado, las mujeres como enfermeras. El final es excelente y reparador, con una Redgrave llena de gracia. La fuerza del amor perdurable es la enseñanza de la película.
 
We were Soldiers (Fuimos héroes, en México; Cuando éramos soldados, en España)
 
La guerra de Vietnam sigue librándose en el corazón de Hollywood. Fue tan decisiva para la actual generación de militares retirados, que sigue palpitando en análisis académicos y charlas de abuelos que destapan por unos minutos su particular caja de Pandora para dejar salir los males del mundo.
Esta película del 2002 fue dirigida por Randall Wallace y protagonizada por Mel Gibson. Está basada en los testimonios del teniente general Hal Moore y el reportero Joseph L. Galloway, quienes estuvieron presentes en la batalla culminante de la trama.
Moore, el personaje central, dirigió la batalla de La Drang en noviembre de 1965, en la que fue la primera gran incursión de soldados norteamericanos en Vietnam. Gibson ofrece una actuación impecable, en parte por la profunda identificación entre el actor y su personaje: ambos devotos católicos, padres de una numerosa familia, hombres que descienden al fondo del abismo para encontrar respuestas a su cuestionamiento sobre el mundo.
Hay un parlamento dicho por Moore que voy a traducir. Es lo que dice el teniente a sus tropas antes de salir a combate:
“Miren a su alrededor, en el séptimo de caballería tenemos a un capitán de Ukrania, otro de Puerto Rico. Tenemos japoneses, chinos, negros, hispanos, indios cherokees, judíos y cristianos. Todos americanos. Aquí, en los Estados Unidos, algunos hombres de esta unidad pueden experimentar discriminación por su raza o credo, pero para ustedes y para mí, eso no existe más. Vamos hacia el valle de las sombras de la muerte, donde cada uno de ustedes cuidará la espalda del hombre junto a sí, como él cuidara la del otro, y no nos importará de qué color es o con qué nombre llame a Dios”.
Una parte importante de la cinta está dedicada a la vivencia de las familias. La esposa de Moore (Madeleine Stowe) se responsabiliza de la dura tarea de mantener a flote la moral de las demás mujeres, y de sostenerlas en el momento en que reciben las noticias más crueles, en la zona militar donde se encuentran sus residencias y los edificios de entrenamiento.
El batallón fue nombrado también 7º Regimiento de Caballería, homónimo de la unidad comandada por George Custer en el siglo diecinueve. Moore teme correr la misma suerte que el legendario general cuya tropa fue diezmada por tribus guerreras de indios americanos.
 
In the Valley of Elah (En el valle de Elah)
 
Esta cinta trasmite un mensaje escalofriante: en la guerra, el ser humano pierde los más importantes atributos humanos.
Filmada en 2007, la película fue escrita y dirigida por Paul Harris, y protagonizada por Tommy Lee Jones, Charlize Theron y Susan Sarandon.
Los temas principales son el abuso que se ejerce sobre los prisioneros, el síndrome postraumático que sigue a un combate y el amor de un padre que descubre la verdad sobre la pérdida de su hijo.
Hank Deerfield (Tommy Lee Jones), es padre de un soldado que pelea en la guerra de Irak. Hank sabe que su hijo ha retornado a los Estados Unidos y al no recibir comunicación suya decide buscarlo por su cuenta. La madre del muchacho, Joan (Susan Sarandon) se queda en casa, desconsolada como tantas familias que cuelgan un listón amarillo en sus árboles o ponen en el coche una calcomanía con el mismo símbolo.
Hank conoce a la detective Emily Sanders (Charlize Theron) que conduce el caso y tiene con el protagonista una relación difícil, pues por una parte lo acepta como colaborador para resolver el entuerto y por otra trata de darle aliento, ofreciendo su amistad. Aquí entra el título de la cinta. Hank conoce al hijo de Emily, llamado David, y le cuenta al niño la historia del rey bíblico, haciendo énfasis en el triunfo de un joven arrojado, armado sólo con una honda, y el gigante Goliat, en el valle de Elah. Este valle, el de la confrontación armada, es el que atraviesa el espectador, desde el inicio de la película.
 
 
The Secret Life of Words (La vida secreta de las palabras)
 
Curiosamente, esta película del 2005 es una producción española, de El Deseo, hablada en inglés con artistas de todas partes, rodada en Irlanda, sobre una chica yugoslava, un hombre americano y su psiquiatra danesa.
La directora/escritora es Isabel Coixet, cuya primera película es My Life without Me (Mi vida sin mí). El tema, en el fondo, es la guerra de los Balcanes: la tortura, la descomposición social, el miedo paralizante ante el enemigo, la vida perdida de las miles de víctimas. Sin embargo, no vemos escenas bélicas.
Hanna (Sarah Polley) es una chica hermosa, muy tímida, que trabaja en una fábrica de Irlanda del Norte. No tiene vida social, trabaja mucho y es muy responsable, tanto que su jefe la obliga a tomarse unas vacaciones. Así es como termina, por casualidad, ejerciendo su oficio de enfermera en una plataforma petrolera, cuidando a un trabajador, Josef (Tim Robbins) quien fue herido durante un accidente, mientras trataba de salvar la vida de otro.
Se siente la presencia de los productores, Agustín y Pedro Almodóvar, desde la elección del reparto (Javier Cámara, el enfermero de Hable con ella, es el cocinero de la plataforma) hasta el tratamiento de los temas, la espléndida música de fondo, la actitud de los personajes ante la adversidad, y la excavación profunda, a ratos peligrosa, en el alma de los sobrevivientes de la tragedia.
Almodóvar es uno de los grandes autores trágicos de nuestro tiempo. Sus tragedias han traspasado las fronteras y reciben aclamación del mundo entero. Esta visión de los hermanos Almodóvar combinada con la excelente dirección de Coixet logra una cinta memorable, dura, complicada y llena de cabos sueltos que al final se anudan como se teje un tapiz hecho con dificultad, pero lleno de belleza.
A ratos, el ambiente llega a ser claustrofóbico, trasmitiendo la sensación de vivir en una isla de acero en medio del mar.
Santa Bárbara tiene un canal de mar entre la costa de esta ciudad y un conjunto de islas con nombres españoles. En medio del canal brillan por las noches las plataformas petroleras que por el momento se encuentran en un impasse de producción. No pude menos que pensar en los trabajadores de estas plataformas al ver la película.
Hay una voz en off, una narradora que no se ve y que a mi juicio es innecesaria. Pero la fuerza de la trama articula un relato espléndido, que se ve reforzado por excelentes actuaciones de veteranos de la pantalla como Julie Christie y por el amor, amor de muchos tipos, que a fin de cuentas redime a los personajes.
Al salir del cine, también nosotros sentimos esa redención y el espíritu se ilumina con la luz de la esperanza.
 
 
Agosto 19, 2008