Bellos son los sepulcros
 
Uno de los lugares más bellos de Santa Bárbara es su cementerio. Está ubicado en un promontorio frente al mar, con acantilados suaves que se precipitan a la arena. Su césped perfecto está sombreado por árboles bien plantados, las lápidas son sobrias, hay nombres en muchos idiomas. Tiene una capilla de 1926 construida por George Washington Smith en estilo románico-gótico, que por dentro luce una serie de frescos pintados en 1930 por Alfredo Ramos Martínez, pintor mexicano famoso en su momento.
 
Dicen que príncipes, barones y duques del Viejo Mundo pidieron ser enterrados aquí por su belleza. Vayan a saber. Dicen también que Aldous Huxley está bajo una lápida sin nombre. Desde su privilegiada altura se pueden ver la ciudad, la zona que rodea a las montañas, llamada Riviera, las montañas de Santa Inés y el mar, el hermoso mar, con sus islas al fondo, la niebla que lo cobija temprano y se evapora más tarde, dejando ver los barcos de vela que ofrecen sus colores al viento.
 
Los muertos de esta zona tienen sólo tumbas horizontales, extendidas sobre el suelo, para no afectar la vista de los otros. Hay familias enteras, por supuesto, algunos tienen epitafios, otros manifiestan su fe, los monumentos más antiguos están pulidos por el viento y la brisa marina. Muchos tienen inscritos sus nombres en un rollo de mármol.
 
Todo el cementerio luce alegre por los ramos de flores frescas que se colocan en vasijas enterradas junto a las lápidas. Los descendientes no olvidan, los visitan con frecuencia.
 
A mí me recuerda la canción “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat, que el público español en una encuesta consideró una de sus más queridas canciones, si no la mejor del siglo. Dicen sus versos:
 
Si un día para mi mal
viene a buscarme la parca
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo
en la ladera de un monte
más alto que el horizonte
quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino
daré el verde a los pinos
y amarillo a la genista

Pues aquí también hay pinos y genista, porque como ya hemos charlado, esta costa tiene las mismas características que la mediterránea. Yo recorro las tumbas ofreciendo mis respetos a estas personas que dieron la vida trabajando, creando, sintiendo lo que yo siento. Al mismo tiempo rindo un homenaje al gurú de mi generación, el cantante catalán.
 
Borges me dice su opinión:
 
Bellos son los sepulcros,
el desnudo latín y las trabadas fechas fatales,
la conjunción del mármol y la flor
y las plazuelas con frescura de patio
y los muchos ayeres de la historia
hoy detenida y única.
(De “La Recoleta”, poema publicado en
Fervor de Buenos Aires, 1923).
2008-01-04 09:50:05 -0800