Un auténtico Van Gogh
 
Un querido amigo me envió hoy un inspirador trabajo realizado en el programa powerpoint, como los que muchos recibimos a diario. La peculiaridad de este archivo estriba en su contenido textual. Tiene un poema en verso libre, que da sentido a una serie de imágenes creadas por computadoras, bellísimas fractales en colores. La música es una interpretación de María Callas de “Sansón y Dalila”. Es espléndida.
 
El poema, según el archivo, goza de la autoría de Jorge Luis Borges. Comienza así:
 
Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma…
 
Tratándose de poemas de mis autores favoritos, soy escéptica, por decir lo menos. Y mis años de docencia me fuerzan a marcar errores cuando los encuentro, como en este caso. Escribí esas líneas en el buscador Google y encontré lo siguiente:
 
Después de un tiempo aprendes la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma
y aprendes que amar no significa apoyarte
y compañía no significa seguridad…
 
Este texto aparece en el libro Caldo de pollo para el alma adolescente, escrito originalmente en inglés por Jack Canfield, Jack Victor Hansen y Kimberly Kirberger. Los derechos de autor pertenecen a Health Communications y los autores. Fue publicado  en 1999. ISBN 155874732X. Tiene 280 páginas. Se trata de un bestseller. Para que un libro sea considerado bestseller, y por lo tanto llegue a ser citado en las privilegiadas listas de los suplementos literarios, requiere vender de 4,000 a 20,000 ejemplares en una semana. Típicamente, es el libro que vende más de 10,000 copias en el momento de su lanzamiento.
 
El texto inicia la primera sección de ese volumen, “Sobre las relaciones”. Se titula “Después de un tiempo”. La autora es Veronica A. Shoffstall, quien escribió estos pensamientos cuando tenía diecinueve años. Suenan realmente como frases escritas por una muchacha lista.
 
Pobre Borges, pienso yo. Tan grande fue su inteligencia, tan profundos sus diálogos, tan laberínticos sus textos especulares, tanta ha sido su fama, que miles de personas han leído no sus palabras reales, sino palabras inventadas, a las que los defraudadores han querido cobijar con su talento. Han invertido horas sin fin en atribuirle textos que el genial argentino ni siquiera habría leído.
 
El caso que acabo de mencionar es el más reciente con el que me topado. Pero desde hace años que circula en Internet, se publica en revistas, se inmortaliza en tarjetas y se cree a pie juntillas la autoría de este poema que atribuyen a Borges. Lo transcribo:
 
Instantes
Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
 
Este poema no aparece en ningún libro publicado por Borges. Su viuda, María Kodama, presidenta de la Fundación Borges y una de las personas más conocedoras de la poesía de este autor, afirma de manera tajante que el argentino jamás habría escrito algo de tan mala calidad literaria.
 
La culpa del malentendido puede atribuirse a la revista Plural, fundada por Octavio Paz en 1971. El propio Paz fue su director hasta 1976. El susodicho poema apareció en las páginas 4 y 5 del número de mayo de 1989. El crítico Mauricio Ciechanower escribió al respecto:
 
“Concebido poco tiempo antes de su desaparición —la sola mención de sus 85 años de existencia, en el final del poema, así lo acredita— remite a esa fundamentada hipótesis sobre la fecha real de su confección (...) Pieza preñada de un poder de síntesis magistral, “Instantes” refleja los pensamientos más íntimos del gestor de Elogio de la sombra a propósito del trayecto de vida que le tocara en suerte recorrer, desechando aquellos tramos existenciales a los que hubiera deseado dejar de lado y, por el contrario, incorporando aquellos otros que hubieran podido proporcionarle placer y gratificación plena.”
 
Este comentario avaló la atribución del poema. Sin embargo, críticos literarios y estudiosos de la obra borgiana, con profundo escepticismo, buscaron hasta dar con el inicio de la madeja. Hay un texto publicado en la página 99 de la revista Family Circus de Kentucky, del 27 de marzo de 1978 (cf. Benjamin Rossen). Dice así:
 
If I Had My Life to Live Over
I'd dare to make more mistakes next time. I'd relax, I would limber up. I would be sillier than I have been this trip. I would take fewer things seriously. I would take more chances. I would climb more mountains and swim more rivers. I would eat more ice cream and less beans. I would perhaps have more actual troubles, but I'd have fewer imaginary ones.
 
You see, I'm one of those people who live sensibly and sanely, hour after hour, day after day. Oh, I've had my moments, and if I had to do it over again, I'd have more of them. In fact, I'd try to have nothing else. Just moments, one after another, instead of living so many years ahead of each day. I've been one of those persons who never goes anywhere without a thermometer, a hot water bottle, a raincoat and a parachute. If I had to do it again, I would travel lighter than I have.
 
If I had my life to live over, I would start barefoot earlier in the spring and stay that way later in the fall. I would go to more dances. I would ride more merry-go-rounds. I would pick more daisies.
 
Nadine Stair
85 years old
Louisville, Kentucky
 
Sin embargo, de manera curiosa, la tal Nadine Stair tampoco existió. La periodista Joannie Liesenfelt, indagó sobre la autora en Kentucky, y su estudio fue publicado por Benjamin Rossen en su website, basado en Holanda.
 
Quien sí existió fue una señora llamada Nadine Strain. Es muy probable que la revista hubiera publicado un gazapo, un error tipográfico. En todo caso, la señora Strain jamás publicó poemas en toda su vida. El misterio sigue sin desentrañar.  
 
Por otra parte, el caricaturista Don Herold publicó en octubre de 1953, en la revista Reader’s Digest, un texto titulado “If I Had My Life to Live Over”, que tiene el siguiente párrafo:
 
“If I had my life to live over, I would try to make more mistakes. I would relax. I would be sillier than I have been this trip. I know of very few things that I would take seriously. I would be less hygienic. I would go more places. I would climb more mountains and swim more rivers. I would eat more ice cream and less bran.”
 
Borges tenía 54 años cuando este texto fue publicado. Como se sabe, el autor argentino fue bilingüe desde niño. Su madre, Leonor Acevedo, era traductora y enseñó al escritor a hablar y escribir en inglés. Borges mismo era traductor. Quizá, y sólo quizá, Borges comentó alguna vez este texto, y de ahí que alguien, con buenas intenciones, lo haya difundido como suyo.
 
A Gabriel García Márquez le pasa lo mismo. Hay quienes toman un poema al azar, un fragmento de un cuento cualquiera, o se inventan tres frases grandilocuentes y en seguida le añaden la firma de este autor colombiano, Premio Nobel 1982. Por ejemplo, circula ampliamente este poema con la atribución a este escritor, que no escribe poemas:
 
La marioneta
Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
 
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
 
Andaría cuando los demás se detienen,
despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
 
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
 
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que le ofrecería a la Luna.
 
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
 
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
 
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
 
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres.
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
 
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
 
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.
 
El periódico Reforma de la Ciudad de México hace años entrevistó al escritor colombiano para preguntarle su opinión sobre el texto. García Márquez contestó: "Lo que más me puede matar es la vergüenza de que alguien crea que de verdad fui yo quien escribió una cosa tan cursi".
 
En la nota "Crónica de una pifia anunciada", publicada por Raúl Trejo Delarbre el 1 de junio de 2000, en La Crónica, de México, D.F. el periodista comenta que encontró al ventrílocuo mexicano, Johnny Welch, verdadero autor del poema "La marioneta". El cómico actúa en cabarets mexicanos en compañía de su títere, “El Mofles”, que tiene, digamos, la voz poética en este caso. El ventrílocuo comentaba, en entrevista para Reforma, que se sentía orgulloso de su poema. Y que muchos de sus clientes lloraban al escucharlo.
 
Me imagino que su auditorio, al filo de la madrugada, habría consumido ya suficientes tequilas como para llorar sin dificultades.
 
La historia de las atribuciones sin fundamento puede ser muy larga. Podemos analizar poemas como el falsamente atribuido a Víctor Hugo, de autoría del brasileño Sergio Jockyman, y los de cualquier autor con fama, que circulan en Internet y llegan a colarse a revistas especializadas. Son como las bolsas para dama  que colocan los ambulantes en las aceras de las grandes ciudades. Pretenden dar la impresión de que se trata de las auténticas, incluso llevan en burdas placas la marca: Prada, Gucci. Los mismos compradores saben que están adquiriendo un fraude.
 
Hace tiempo, leí un reportaje sobre las fábricas de falsificaciones chinas. En un galerón miserable se apiñaban mujeres que pincel en mano repetían en telas imprimadas, con pinturas de óleo, Los girasoles de Van Gogh o Las señoritas de Avignon, de Picasso. Cada una se vuelve especialista de una obra. Hacen miles en una semana. Les pagan centavos por cada hora de su trabajo. Y luego venden esas copias en mercados vergonzosos, como se vende el amor falso, o las películas pirata y los discos copiados en forma ilegal.
 
Lo absurdo sería que un señor, luego de comprar una pintura falsa, la enmarcara con oro de hoja, organizara una fiesta y declarara ufano: “Amigos, éste es un auténtico Van Gogh”.
 
Un experto la reconocerá como falsa. Porque en las pinturas hay composición, ritmo y expresión, y cada artista tiene su propia paleta, su estilo identificable y característico, el sello que ha venido cultivando hasta hacerlo suyo.
 
De igual forma, por más que un poema, como Instantes o La marioneta diga cosas valiosas o profundas, y lo haga en forma bella, un conocedor de la literatura siente, sin poder casi explicarlo, que no encajan con la obra del autor. Porque los escritores tienen su propia expresión. Hay elementos en el análisis literario que son fáciles de reconocer: imágenes, estructura, tono, registro y técnica, por ejemplo.
 
Y es esa combinación de elementos, además de la validez de los conceptos incluidos en el texto, lo que hace que un poeta como Neruda pueda tocar las fibras del corazón de sus lectores apelando a la memoria emocional y la inteligencia. Puede hacernos pensar y sufrir. Puede escribir los versos más tristes una noche. Y no necesita su pluma magistral de fotos bonitas en archivos de Internet.
 
Pero mientras que para falsificar una pintura se requiere ponerse a trabajar, aprender la técnica y crear un objeto tangible, similar al original, para atribuir un poema a otro basta con escribir su nombre al final y echarlo a flotar al mar cibernético, en donde una mentira mil veces repetida se convertirá en verdad. Porque finalmente son sólo palabras, intangibles palabras, que nos pertenecen a todos y que no pertenecen a nadie. Que, como escribió el mismo Neruda:
 
Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío...
Abril 17, 2009