El cine mexicano
 
En ocasión de las dieciséis nominaciones al Óscar que tuvieron las películas de Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, el diario Los Angeles Times dedicó una nota larga, bien documentada y muy interesante sobre la fuga de talento mexicano, en particular los creadores de la industria cinematográfica.
 
Todos nos emocionamos al ver la ceremonia y darnos cuenta de que nuestros nuevos cineastas están siendo reconocidos a nivel mundial. Sus películas han ganado muchos premios en festivales de todo el planeta.
 
Sin embargo, es muy triste corroborar que México está en uno de los peores momentos de su historia en términos de producciones propias. Frente a los 563 filmes que realizó EUA en 2005, Francia produjo 200, España 142, Brasil 42 y México… 25.
 
En la llamada época de oro de nuestro cine, de 1930 a 1960, se producían 80 películas al año. Fue el momento cumbre para las estrellas, de Dolores del Río a Cantinflas. Se fundaron los Estudios Churubusco; se filmaban westerns en Durango, películas con temas costumbristas en Bernal (como El peñón de las ánimas). De su salario, derivado de las producciones fílmicas, vivieron dignamente cientos de guionistas, vestuaristas, fotógrafos, expertos en efectos especiales, músicos y toda clase de técnicos.
 
Hoy, México vive una sequía derivada de la falta de apoyos a este rubro mientras las estaciones de televisión dedican millones a la producción de telenovelas. Los dueños de las salas de cine (entre ellos mis exalumnos los hermanos Ramírez de Morelia) se niegan a apoyar con el mínimo porcentaje de las entradas a un fideicomiso que apoye las producciones nacionales. Ellos retienen el 60% de las entradas. En EUA, los estudios reciben el 50% de los ingresos de taquilla.
 
Por otra parte, aunque ése es otro asunto, está el reiterado tratamiento de temas que retratan lo más triste, sórdido y perverso de nuestra realidad. A muchas personas no les atrae ver una y otra vez historias como las de El callejón de los milagros o Y tu mamá también. No hay películas de calidad hechas con bajo presupuesto relativas a la vida diaria de millones de mexicanos que no somos narcotraficantes ni adictos a las drogas, ni políticos corruptos ni prostitutas. La vida de ustedes y la mía no aparece en las películas. Ni siquiera se nutren sus guiones de las grandes novelas de la revolución a la fecha. No hay cintas como Los coristas, de Francia, que no costó una fortuna pero es una joya.
 
“En México los cineastas nos morimos de hambre” declaró José Ludlow, productor de El amor en los tiempos del cólera, película basada en la novela homónima de García Márquez con Javier Bardem (Florentino Ariza) y la italiana Giovanna Mezzogiorno (Fermina Daza). Por lo tanto, Ludlow vive ahora en Hollywood, donde trabaja de tiempo completo. Dice Ludlow que “El gobierno no se ha dado cuenta de qué importante fuente de ingresos podría representar el cine para el país”.
 
Por lo tanto, talentos como Rodrigo Prieto, Emmanuel Lubeski, Salma y otros actores, dobles y técnicos han decidido formar lo que ellos llaman Frijoliwood.
 
El asunto es muy serio. Cuando González Iñárritu realizaba Amores perros, su equipo de producción sufrió tales amenazas y un robo a mano armada, que tuvo que recurrir a pagarle a una banda callejera por su protección, porque la policía… En esta película se invirtieron dos millones de dólares. Se ganaron más de diez. Esto le permitió al cineasta recuperar su inversión, pero no obtuvo ganancias. Esas se quedan en las salas. Ahora, G. Iñárritu vive con su familia en Santa Mónica, California, entre otras razones por seguridad. Le preocupó mucho el problema de los secuestros, y tuvo que salir dejando su corazón en México.
 
Así, las películas que tanto llamaron la atención de todos no fueron financiadas por México. El laberinto del Fauno fue filmada en España y entre sus inversionistas principales estuvo Telecinco, un canal español.
 
Esta situación impide que propios y ajenos se enorgullezcan de México. Dicen que Pedro Almodóvar, que estaba en España viendo la transmisión por televisión, cuando Ellen DeGeneres dijo que Penélope Cruz era mexicana, hizo un berrinche mayúsculo por semejante declaración, que él quizá sintió como una denigración de la actriz.
 
Ya no les cansaré mucho con este tema. Sólo les diré que Ernesto Zedillo fue compañero en la escuela de Gabriel Beristáin, cineasta que ha hecho obras importantes, y siendo presidente, Zedillo consiguió una cita entre Beristáin y Carlos Slim para ver si el magnate le podía financiar sus proyectos. El hombre poderoso le preguntó al director: “Señor Beristáin, ¿tiene usted dinero para invertir?” El cineasta contestó: “No, señor, ni un centavo. Pero tengo el conocimiento y la voluntad”. “Sí, pero ¿puede usted invertir dinero?” “No, señor.”
 
Ese fue el final de su relación.
 
Ahora Beristáin está en Los Ángeles, próximo a rodar una película sobre Tina Modotti.
 
Entre los nuevos cineastas que han llamado la atención de Hollywood están los hermanos Rodolfo y Gabriel Rivapalacio Alatriste, que estudiaron en el ITESM Campus Querétaro y han montado obras de teatro en el Museo de la Ciudad. Ellos están aquí en California, realizando entrevistas con Universal Pictures, DreamWorks Animation y Cartoon Network, para analizar sus futuros proyectos, ahora que han tenido tanta suerte con Una película de huevos. Rodolfo fue compañero de Lili mi hermana.
 
Me da gusto que los jóvenes tengan oportunidad de triunfar. No tengo que aclararles que su opera prima no es mi tipo de cinta, ni el tema, ni el tratamiento ni nada. Pero me da gusto.
Tampoco tengo que describir a ustedes los sentimientos encontrados que esta situación me produce.
 
Porque ocurre en el cine. Pero también en la medicina, la ciencia, la industria, la banca, las universidades.
 
¿Y quién detiene en México a un joven investigador que no tiene ahí futuro, ni un buen laboratorio, ni equipo de trabajo, ni nada?
Marzo 5, 2007